Candelaria, Bogota

Candelaria, Bogota

Friday, March 20, 2009

Segundo Post Bibliográfico

Bernal, Sáchica. “Movimientos Sociales, Estado y Democracia en Colombia” Pensamiento y Cultura. Vol 4: 2001

En mis investigaciones, lo que me ha interesado más que todo es la cultura de Colombia. A mí, este tema, lo que se trata de por qué una cultura sea como es, me atrae mucho. Por eso, yo quiero escribir en eso o el próximo texto de unos aspectos esenciales que se caracterizan la cultura colombiana. Este texto yo escogí porque habla de unos movimientos sociales que han pasado y que han influido al desarrollo social del país. Se trata del movimiento agrario, el impacto del café, la posición de las mujeres y también los deseos de los indígenas. Yo creo que este texto me ayudará mucho a entender la cultura colombiana y a escribir un texto bien informativo.

http://aquichan.unisabana.edu.co/index.php/pyc/article/view/780/1446

Thursday, March 5, 2009

“Sus documentos, por favor.”

Yo había estado dormida, por fin, gracias a Dios o a la magia, yo había encontrando una posición cómoda entre la ventana, Sebas y nuestras maletas, botellas de agua y minutas. Y yo estaba dormida soñando con los angelitos, cuando Sebas me interrumpió. Él me levantó de mi comodidad, descanso y sueño, diciéndome con urgencia, “Aaren, levántate amor, sácate tu cédula, que nos toca bajarnos del bus ya amor.”

A que le respondí con una voz llena de sueño sin abrir mis ojos, “¿Cómo amor, mi qué? ¿Cédula?” yo no sabía esta palabra y tampoco entendía por qué estábamos parados ni por qué Sebas tenía tanta prisa.

“Tu cédula Brooke, tus documentos, Aaren,” él me dijo, al tiempo recordaba que yo no soy de Bogotá y no estoy acostumbrada a las cosas que a él, son súper normales.

Abrí mis ojos para ver a Sebas poniéndose sus zapatos, totalmente listo para bajarnos del bus, “Bueno, Sebas,” le dije, buscando mi licencia de conducir y la fotocopia de mi pasaporte, “pero todavía no entiendo qué pasa Sebas. ¿Por qué nos toca bajarnos del bus?” Y en este momento, miré por la ventana y vi el lindo verde del campo lleno de soldados colombianos esperándonos en grupo al lado de la carretera.

La vista del ejército me dio prisa y también un poco de ansiedad—que nunca en mis 22 años en los Estados Unidos había visto a militares que no estaban en su base o por la televisión. Al mirar por el bus, noté que todos los colombianos con quienes estaba viajando estaban preparándose para bajarse tranquilos y que a nadie se preocupaba este proceso.

Cuando al fin descubrí mis documentos y estábamos saliendo del bus, podía absorber unos detalles llamativos de nuestro ambiente en este reten militar. De hecho, en vez de estar asustada, toda la gente estaba totalmente relajada, sin preocupaciones de que todos estábamos entregando nuestras cédulas de identidad a este brazo del gobierno. Y en vez de estar curiosa o sospechosa, la gente estaba relajada, descansando de estar encarcelada en un microbus que de un momento a otro cambiaba estaciones entre un invierno durísimo invierno y verano.

La gente estaba bajando las escaleras del bus y entregándoles a los soldados sus cedulas de identificación sin echarle ni una mirada al lado a la carpa verde. Debajo de la sombra de la carpa unos cuantos soldados estaban encorvados sobre una mesita en que había una computadora dedicada a la tarea de buscar nuestros nombres para averiguar si nuestra presencia y viaje por Colombia era legal

En vez de estar un poco asustada, como yo, todos estaban aprovechando lo lindo del día y los servicios de nuestro paro en camino. A la derecha de la carpa oficial del ejército, había dos puestos que competían para vendernos comidas, jugos y café.

El puesto a la derecha de los dos estaba vendiendo arepas llenas de queso a una gran fila de gente con hambre y ganas de comer algo caliente y fresco. Nos dimos cuenta del hambre que teníamos cuando fuimos hacia los puestos de comida. El puesto que escogimos era de madera y detrás de la barra vimos a los parientes del vendedor haciendo las arepas a mano en la sombra del techo. Además que comprar dos arepas, Sebas compró un jugo de mora y yo compré un agua sin gas y volvimos a esperar mientras el ejército nos estaba verificando los papeles.

Ya que me había dado cuenta que esa parada en nuestro viaje no era rara ni significaba nada malo, yo podía observar el ambiente. Noté que detrás de los dos puestos y la carpa de los soldados quedaba una casa muy vieja y que cuesta debajo de la colina había los jardines y campos de la familia del puesto y en la distancia podía ver las colinas ondulantes de la tierra colombiana y las montañas en el fondo.

Mi viaje visual por el paisaje fue interrumpido de nuevo cuando oí, “Señores pasajeros, vengan acá y escuchen sus nombres para su cédulas.” Un soldado estaba parado al frente de la puerta del bus llamando los nombres de cada cédula de la pila que tenía en frente. Estábamos entre los últimos llamados, un soldado me buscó y me dio mi licencia de conducir y la fotocopia de mi pasaporte directo a mi mano diciendo mi nombre en una voz muy suave probablemente porque es súper difícil de pronunciar en español.

Le dije, “Gracias Señor,” y subimos las escaleras para seguir nuestro viaje. Yo volví a mi asiento, mirando el campo y dándome cuenta que esta experiencia no era mala, ni peligrosa, solo una norma de otra cultura.

Monday, March 2, 2009

primer post bibliográfico

Pecaut, D. and Gonzalez, L. "Presente, pasado y futuro de la violencia en Colombia."Desarrollo Económico, Vol. 36, No. 144 (Jan. - Mar., 1997), pp. 891-930

Este artículo explica de donde viene la violencia que caracteriza la Colombia contemporánea. El artículo desarrolla como su pasado ha ayudado a crear Colombia de ser un país de conflicto. Porque en algún ensayo yo quiero explorar los temas políticos de Colombia, este artículo me servirá a entender cómo Colombia ha llegado a ser un país que es avanzado y sofisticado pero al tiempo ha estado en guerra ya casi hace 50 años. El artículo lleva 41 páginas y explora un tema específico con estadísticas y también con información apoyada por fuentes académicas. Yo creo que esta fuente me ayudara de encontrar información comprensiva y relevante para mi tema.

http://www.jstor.org/stable/3467131

Saturday, February 14, 2009

Una comida bien colombiana: el Ajiaco


Nuestra mesa de madera queda al lado de la sala chica, la mesa casi está tocando el armario blanco que ha sido manchado por el descuido de los chicos colombianos que nunca tienen cuidado con el departamento. Esta mesa cuadrada de madera, del color de arena carmelito con espirales castaños, es la en que comemos cada día. Ahí, desayunamos bananos de leche con azúcar, los almuerzos con lentejas, arroz y carne condimentada y mis comidas favoritas, las cenas colombianas. De todo el departamento, en que vivo con mi novio y tres de nuestros amigos colombianos, la cocina es la única parte que usamos como una familia. Que al fin de cada día, los dos, mi novio y yo, siempre nos encontramos sentados al lado comiendo y hablando.

De todas las cenas colombianas, hay una que casi grita su patrimonio colombiano a todos solo a través de su nombre: el Ajiaco santafereño, un nombre qué se refiere a la cuidad de su origen y corazón: Santa Fe de Bogotá. Siempre me doy cuenta que vamos a comer la deliciosa sopa solo al ver los platos que están puestos en la mesa. Al principio, la mesa parece muy normal, todo está puesto con los platos y cubiertos salvo que todas las tazas no son hechas de porcelana blanca, sino de un barro pintado de negro muy suntuoso y cálido. Estas son las tazas que solo usamos cuando vamos a comer el Ajiaco. Al mismo momento en que veo la diferencia de la mesa, un olor muy suave y sutil me llena de recuerdos lindos y cariñosos

Después de dejar mis cosas en la cama de nuestro cuarto chiquito, vuelvo a la cocina a ver al Sebastian sirviendo una sopa que se ve muy linda y rica. Él está listo para echársela con una cuchara de servir muy grande y en ese momento me pide <<¿Amor, me ayudas con las tazas para que podamos comer por fin?>> y le traigo los dos tazones de madera y mientras él está echándole la sopa a las tazas, yo tengo una vista de la sopa de primer plano, en la que veo que es de un amarillo muy pálido y que la sopa es espesa pero también suave y tiene algunos grumos blancos.

Por fin, con mucha hambre y ansias me siento justo al lado del cocinero profesional Sebastian, viendo la cena Bogotana que me ha preparado. Enfrente de mi taza llena de la sopa, hay un plato de arroz blanco y al lado del arroz hay un plato rebosando de aguacate riquísimo y al lado de la delicia del aguacate queda una salsera de crema de leche. Después de absorberme la majestad de los condimentos, un olor un poco dulce y un pico picante me recuerda la sopa que queda en mi taza. El olor y la presencia de choclo, de unas especias chiquitas y verdes flotando en el mar amarillo me ayudan a recordar la hierba muy especial sin la cual el Ajiaco no estaría auténtica: la guasca.

La guasca es el ingrediente clave que hace el Ajiaco más que una sopa normal sino un plato especial. Antes de probar la delicia de la sopa, le echo aguacate, arroz y muy poca crema al líquido amarillo en que puedo ver trozos de pollo no muy pequeños y unas alcaparras. Cuando pruebo mi primera cuchara llena de la sopa rica, puedo sentir las suavecitas papitas que han sido disueltas por el agua caliente y el tiempo de cocinar. Percibo el sabor del agri-picante que viene de la mezcla de la guasca, aguacate y ají. Más que el delicioso del sabor del Ajiaco que es riquísimo, tierno e histórico, al comer el ajiaco, recuerdo todas mis memorias de estar con mi novio colombiano y como él me lo cocina con demasiado amor y cariño.

Monday, February 9, 2009

¿Por qué Colombia?

Mientras yo estaba estudiando en Buenos Aires el semestre pasado, conocí a mi novio Sebastian que es colombiano. A través de ser su novia, yo estaba presentada a la cultura y la vida colombiana y ahora tengo muchos amigos colombianos. En enero, tuve la oportunidad de ir a Colombia a visitar a mi novio y a viajar alrededor de Bogotá. Motivada por mi viaje, mis amigos y el poco que sabía de Colombia, elegí de investigar y escribir de Colombia este semestre.